TOTOQUIHUAZTLI


TOTOQUIHUAZTLI

Diccionario de los elementos constitutivos de los glifos

Investigación: Ethelia RUIZ MEDRANO (DEH-INAH)

Tratamiento de imágenes y registro de datos: Rossana CERVANTES (INAH)
Voz: Alfredo RAMIREZ CELESTINO (DL-INAH)
Análisis lingüístico del vocabulario náhuatl: Carmen HERRERA (DL-INAH)




TESTAMENTO DE DON ANTONIO TOTOQUIHUAZTLI

Sin duda el llamado "Testamento de Don Antonio Cortés Totoquihuaztli" que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia [en adelante BNF] con el número de Catálogo 115, es un documento un tanto original. Se trata de un testamento pictográfico, pero que también fue redactado alfabéticamente en nahuatl y en latín. Esta versión bilingüe y pictográfica es obra de Don Antonio Cortés Totoquihuaztli, descendiente de del señor de Cuitlahuac Atlacualotl, y miembro de uno de los linajes nobles y políticos más importantes del Valle de México, antes y después de la conquista (1). Hombre educado por los franciscanos, podía hablar y escribir no sólo en nahuatl, sino también en elegante castellano, nahuatl y latín, prueba de ello es no sólo el testamento aquí señalado, sino también una serie de peticiones que dirigió a la Corona, especialmente a partir de mediados del siglo XVI, en un vano intento por recuperar algunos de sus antiguos y perdidos privilegios y territorios (2).
Así, el documento número 115 es de elaboración mixta, esto es que en el manuscrito se utilizó tanto la escritura alfabética como glifos toponímicos, o nombres de lugar, pertenecientes a la representación pictográfica de los pueblos mesoamericanos, especialmente del centro de México. John B. Glass refiere en su conocido censo que el manuscrito, con número de catálogo 363, que el testamento fue realizado en Tacuba, el año de 1574, son dos láminas con pictografía elaboradas en papel europeo, anexas a las cuales se encuentran 10 fojas de texto alfabético.
Por lo menos de lo señalado por Glass parece que sólo Nicholson, reprodujo en 1966 un topónimo de los que aparecen en la pictografía BNF 115 (3) Asimismo, Joaquín Galarza señala que el documento mide 21 x 31 cm.(4) En la parte alfabética de este manuscrito se puede leer que el testamento se elaboró en el pueblo de Tacuba el jueves 29 de abril de 1574 por el "cacique y gobernador" de ese lugar: don Antonio "Totoquihuactli" delante del guardián del monasterio franciscano de ese pueblo fray Pedro de Horoz, así como de otros religiosos ahí presentes(5). La transcripción paleográfica del documento alfabético, así como su traducción de la parte náhuatl al castellano fue elaborada y publicada por Emma Perez-Rocha y Rafael Tena, remito a los interesados a su excelente edición(6). Por cierto que en el documento se señala que Don Antonio es "Tlatouani", lo que revela no sólo la importancia local de este noble dirigente, sino su vínculo dentro de la compleja estructura de poder prehispánico que significó la "Triple Alianza".
En este sentido cabe subrayar que las tierras que va a heredar a sus sucesores son patrimoniales y que están en la lámina 115-10, al lado del "tecpan",además señala que las tierras que aparecen enumeradas en la lámina 115-11 se encuentran en "otras partes", acto seguid pasa a enumerarlas y esos nombres aparecen en la glosa que acompaña a los topónimos de ambas láminas(7). Resulta muy importante subrayar que con este caso se muestra que lo que algunos autores han señalado acerca cómo un fenómeno de cambio acelerado que se dio entre los indios, especialmente nobles, de la escritura pictográfica tradicional hacia la escritura alfabética amerita matizarse(8). Especialmente porque se muestra que un noble de alto rango, educado por frailes y probablemente trilingüe utilizó para plasmar su última voluntad el lenguaje alfabético y el de los glifos, ambos registros eran no sólo aceptables, sino necesarios para una ceremonia de particular relevancia social como era heredar sus tierras patrimoniales, así como el mando, el cual decide que recaiga en su nieto:
?queridos padres, escuchadme: ha de gobernar la ciudad de Tlacopan don Pedro de Alvarado Tetlepanquetzatzin.? Y luego que fue nombrado don Pedro Tetlepanquetzatzin, se exhibió el escudo de armas de nuestro poderoso Emperador del mundo, que se trajo de España (9).

Por otra parte cabe mencionar el asunto de las tierras, el señorío de Tlacopan gozó de tributos que le proporcionaron, entre otros "altepetl" sujetos a pueblos de la región matlazinca, de área de Toluca, en número no pequeño. Probablemente como parte de ese señorío tuvo tierras patrimoniales en esa región Algunos topónimos que se observan en las láminas de este manuscrito remiten a este vínculo histórico entre Tlacopan y los matlazincas. En el caso de este documento resulta de gran interés subrayar que se mencionan tierras de Huizquilucan, de hecho en un documento de tipo "Techialoyan" proveniente de Huizquilucan y elaborado más de 150 años después que este testamento, se menciona y representa el personaje de Don Antonio Cortés Totoquihuaztli, con su glifo de antropónimo, en una de las láminas(10). Más aún, al parecer hace menos de dos décadas había el recuerdo entre los campesinos del pueblo de Huizquilucan de un legendario gobernador indio de la región llamado Don Antonio Totoquihuaztli (11). Permanente homenaje a un noble señor indio que conservó hasta el final el tradicional legado de sus ancestros.

Breve contexto de este tipo de fuentes:

El estudio de testamentos tanto en lengua náhuatl como colonial ha sido ampliamente abordado entre otros especialistas por: Miguel León Portilla, James Lockhart, Susan Kellogg, entre otros (12). Los testamentos son una fuente de especial interés para conocer las rupturas y continuidades del mundo indígenas en temas relevantes como son la religión, los linajes, estructuras de gobierno y de tenencia de la tierra.
Una buena edición de varios ejemplos en nahuatl de esta importante fuente ha sido publicada por Teresa Rojas, su edición cuenta con varios índices analíticos que todo el mundo agradece a la hora de consultar una fuente tan amplia. Asimismo, hay interesantes listas comentadas de mapas y planos pictográficos anexos a los testamentos. En el volumen II hay una serie de preciosas reproducciones de las pictografías presentadas ante las autoridades coloniales como testamentos indios. Este trabajo también cuenta, con una lista completa de los escribanos y traductores de los testamentos(13). Sin duda estas informaciones ofrecen pistas importantes para los tlacuilos y escribanos que fungieron como "intermediarios culturales" del mundo colonial. De hecho, los testamentos escritos o redactados por indios coloniales son una excelente fuente que permite asomarse al mundo más intimo y tradicional de los individuos que los elaboraron.
En ocasiones estos documentos fueron realizados y exhibidos ante alguna autoridad en un contexto de litigio por derechos a tierras que peleaban algunos pueblos. Ya Teresa Rojas ha señalado cómo muchos de estos testamentos fueron utilizados con el tiempo como prueba legal de legitima y antigua posesión de la tierra por parte de algunos pueblos y particulares a lo largo de la colonia (14). Asimismo, quien mejor ha estudiado este importante aspecto de los testamentos indios es sin duda alguna Stephanie Wood, quien ha explicado cómo estos documentos son cercanos a los títulos de los pueblos y revelan los múltiples propósitos para los que potencialmente se pudieron utilizar por parte de las comunidades. Ambas fuentes y en combinación ofrecen información de la compleja evolución de los derechos individuales y colectivos sufrida en la época colonial. Uno de los mejores ejemplos es justamente el testamento-título de Bartolomé Miguel, gobernador de San Bartholomé Capuluac [Canpollohuac] (1608) (15).
En este documento se señala la historia de la fundación de Capuluac, esta narración corre paralela a la vida y guía del propio Bartolomé Miguel. En este testamento, se narra en un estilo que recuerda las antiguas historias de migración y creación del mundo indígena la historia de Capuluac:
"...cuando vide lo que me paso pues no había gentes, que yo solo estaba padeciendo, aunque contento. Pero quiso Dios Nuestro Señor crecer el número de gentes que vinieron, diez personas con sus mujeres, todos matlalzincas, de éstos uno entendía el idioma mexicano pero muy cerrado muy despacio me entendió para decir que ya estábamos existentes; los mantenía de mi cuenta, como que necesitaba de gente, no podía aburrirme y empezaron a querernos mal, que todas las noches venían los naguales que nos espantaban..."(16)

Bartolomé señala que gracias a sus ruegos, y a su laboriosidad evitó que la gente se huyera asustada de los naguales. Poco a poco explica cómo construyó casas, templo, sembró e incluso entre todos hicieron unos "cerritos" de piedra (17). Esta última información fue pintada, las imágenes de los templos pequeños, ya que a eso supongo se refiere la idea de cerros de piedra, se observan en el título original, y son reproducidos en la edición que de este título se hizo(18).
Más allá de este testamento, o mejor dicho porqué contamos con este tipo de fuentes podemos aventurar que muchos de ellos fueron elaborados por nobles y gobernadores indios provenientes de diversos lugares de Nueva España, y de las Indias en general. Los testamentos encierran en sí una halo de autoridad y legitimidad previsible de ser utilizado por los herederos; y con el tiempo por todo un pueblo. En algunos testamentos encontramos una particular relación entre las autoridades y pueblos, en los que la culpa cristiana parece fundirse junto a otros sentimientos y reglas asociadas a la función de padre y guía de sus gentes. En 1577 el gobernador de Tulancingo señala que "digo que otros naturales que no me acuerdo y me han servido me deben, se lo perdono" El gobernador de San Francisco Tlahuililpan en 1586 pide "perdón a todos los naturales del pueblo...si los hubiere injuriado en alguna manera en el trabajo, y asimismo me perdonen todos los principales y caciques, o por prisiones de mis querellas" (o por haber sido azotados con mecate) (19).
En ocasiones esta responsabilidad sobresale al momento de dejar para su venta alguna de sus tierras para que se pague algún préstamo que todo el pueblo contrajo para pagar tributos rezagados. En otras ocasiones se solicita a las autoridades del cabildo que no permitan bajo ninguna circunstancia que sus herederos vendan las tierras que heredan a ningún español (20) .
Por otra parte, es interesante recordar cómo numerosos testamentos señalan detalladamente los nombres y límites de las tierras, gracias a ello eran y son una inmejorable fuente para reconstruir posibles localidades y tierras indígenas. Particularmente esta prolífica enumeración de nombres de tierras y parcelas, nos revela también la gran importancia de la transmisión oral, su importancia, continuidad y deja entrever la posible utilización ocasional de códices para apoyarse en ese prolongado y complejo hilo narrativo que le permite a muchos indios recordar cientos de nombres a la hora de hacer su testamento.
Para algunos autores los testamentos parecen continuar una función existente antes de la conquista enraizada en la tradición oral. A este respecto me permito llamar la atención sobre el testamento de don Diego Cortés Aguacero Comocuchillo, del pueblo de Cuilapa. Fechado en 1565. Este noble enumera las distintas locaciones y tierras que colindan con sus tierras, así como los nombres de las personas a quienes se encuentran adscritas. Una vez finalizado el recuento se dirige a un auditorio reunido a su alrededor, la mayoría de los cuales han sido nombrados como los propietarios colindantes a su tierra. Don Diego los señala como "principales de este pueblo, hombres que hicieron la conquista en el cerro del Gadi de Tehesopotlan" (21). El testamento transcribe discursos hechos por notables indígenas del lugar que asisten a esta ceremonia de rememorar los linderos y de última voluntad, al parecer estos nobles indios también "glosan" y comentan la declaración testamentaria de don Diego Cortés. Así, una mujer principal declara agradecida "yo doña Magdalena Melchora, [agradecida estoy] porque no me quitó tierras Don Diego Cortés". Al final, el principal Diego Cortés señala con desenfado: "Asimismo el título de don Jerónimo de Lara, padre de doña Magdalena Melchora, que él traían cuando yo hacía mi testamento y no habla con verdad él, no dice verdad él, no tiene fuerza en lo venidero..."
Esta situación brevemente descrita nos hace pensar en una reunión de nobles alrededor de un hombre que señala las tierras que deja, pero que debe mediar a través de un tácito acuerdo entre todos de que lo señalado es legitimo. Para ello, previamente, se debieron dar discusiones y platicas que permitan llegar a esos acuerdos.
Asimismo en testamentos de la región de Oaxaca se observan fragmentos de otra escena que nos permite entrever entre tenues destellos algunos aspectos del mundo religioso prehispánico. El cacique de Yanhuitlán Domingo de Guzmán fue procesado por idolatría en 1544. El gran señor fue acusado de adorar en cuevas a las antiguas deidades, así como a propiciar entre su gente el que le reconocieran como sacerdote de la antigua religión. Su sobrino y heredero al cacicazgo, Gabriel de Guzmán, en su testamento, fechado en 1591, asienta que deja entre otros numerosos bienes una significativa cantidad de joyas de oro. Tres sobresalen por su importancia en aquel contexto de persecución religiosa que sufriera don Domingo, 40 años antes de que su sobrino redactara su testamento (22). La primera joya es descrita como "un caimán con diez cascabeles de oro y unos chalchihuites". Esta somera descripción podría remitir a una representación de la deidad de la tierra (Tlaltecuhtli en náhuatl). La segunda se señala como "una joya de oro grande que tiene doce cascabeles con figura de águila" y quizás tenga que ver con el dios solar, cuyo doble animal era el águila. De hecho, en el tesoro de la tumba siete de Monte Albán, se encontró una joya de oro que representa un águila de la cual penden cascabeles (23). La tercera joya es descrita como "otra joya grande, abierta en medio, y una media luna y rayos tiene doce cascabeles colgados de unos pejes de oro". También proveniente de la tumba siete de Monte Albán, se descubrieron "un pendiente de luna y disco solar" ambos de oro (24). Pero no sólo debo señalar que Don Gabriel heredaba joyas con sospechosas imágenes, a ojos de los dominicos que guardaban el convento de Yanhuitlan, después de todo en la lista se asientan también joyas que representan imágenes cristianas con sus respectivos cascabeles. Juego sinfín de negociaciones, de imposiciones, de asimilaciones y de la generación de aquello que James Lockhart denominó como fenómenos de "doble identidad" dentro de la compleja sociedad indígena colonial (25) .
Foja tras foja en los testamentos se dejan bienes que parecen asociarse al mundo antiguo, al de sus antepasados. Se heredan señales de la intangible relación de los indios con su mundo cada vez más amenazado. Sus historias y objetos más preciosos, que pasarán sucesivamente de una mano a otra, recordando en ocasiones lo que es más intimo, lo que sólo ellos pueden valorar plenamente. Así, en 1577 Miguel Alexandrino, gobernador de Tulancingo, ordenaba en su testamento: "los quetzaltohtol y los chalchihuites, que los guarden mis hijos (...) que son preciados"(26).

A más de cuatrocientos años de escrito este testamento uno no puede dejar de pensar en esa autoridad india mirando con admiración a sus bellos pájaros quetzales y al pulido jade, mientras enfatiza a su prole los recaudos que deben tener en el cuidado de esos tesoros. Quizás mientras medita lo que va a dictar en el testamento recuerda las historias asociadas a la tierra que deja, sus nombres, el linaje del que procede, la historia de su gente, la innegable profundidad de su recuerdo.
Los testamentos indígenas son narración y legado de bienes, de tierras, de imágenes y de cacicazgos en ocasiones, pero también son una prueba y homenaje del frágil mundo que con fortaleza mantenían y mantienen para ellos y para los que vendrán.

Notas:
1 Emma Pérez-Rocha y Rafael Tena, La nobleza indígena del Centro de México después de la Conquista, México, INAH, Colección Obra Diversa, 2000, Genealogía 9.

2 Emma Pérez-Rocha y Rafael Tena, La nobleza indígena..., por ejemplo, pp.161-162, p.164, p.167; Archivo General de Indias, Sección de Justicia 1029, 34 folios. México Año de 1566: Don Antonio Cortés, cacique, y los demás principales del pueblos de Tacuba, sobre que se ponga el dicho pueblo en la Corona Real y se les conmute los tributos en otra parte?, esta cuestionario presentado por Don Antonio ha sido publicado por: Emma Pérez-Rocha y Rafael Tena, La nobleza indígena...pp.297-331.

3John B. Glass in collaboration with Donald Robertson, ?A Census of Native Middle American Pictorial Manuscripts?, p.223, en: Handbook of Middle American Indians, Guide to Ethnohistorical Sources, Part 3, Howard Cline, ed. Vol 14, University of Texas Press, 1975.

4 Joaquín Galarza, Codex Mexicains Catalogue Bibliotèque Nationale de Paris, París, Musée de L´Homme-Société des Américanistes, 1974, p.48.

5 BNF 115, fols. 4 y 5r.

6 Emma Pérez-Rocha, Rafael Tena, La nobleza indígena...,pp.373-378. Asimismo estos autores señalan que existe una traducción de este documento al alemán, realizada por Günter Zimmermann, p.373, nota 1.

7 Ibidem., pp.375-376.

8 Serge Gruzinski, La colonización de los imaginario, México, FCE, 1991

9 Emma Pérez-Rocha, Rafael Tena, La nobleza indígena...,p.373-374.

10 Códice Techialoyan de Huizquilcan (Estado de México), facsímil y estudio, Harvey, H. R. Toluca, Colegio Mexiquense, Gobierno del estado de México, 1993, f.3v, y f.4v.

11 Comunicación personal de la Dra. Barbara Williams, quien recopiló el dato durante un recorrido de campo a mediados de los años 70 del siglo XX.

12 Miguel León Portilla, C.L. Cline, The Testaments of Culhuacan, Los Angeles, University of California, 1984; James Lockhart, The Nahuas after the Conquest. A Social and Cultural History of the Indians of Central Mexico, Sixtheenth Through Eighteenth Centuries, Stanford University Press, 1992 (hay traducción al castellano por Fondo de Cultura Económica); Susan Kellogg, Law and the Transformation of Aztec Culture, 1500-1700, University of Oklahoma Press, 1995; asimismo, Luis Reyes García, Eustaquio Celestino Solís, et al. Documentos nahuas de la Ciudad de México del siglo XVI México, CIESAS-AGN, 1996. En este trabajo se observa un tipo de documentos cotidianos, aunque la mayor parte obedece a pleitos entre indios hay elementos que son similares a los testamentos, además de que como género están vinculados a los problemas de reparto de tierras y predios urbanos por parte de los indios.

13 Teresa Rojas Rabiela, Elsa Leticia Rea López, Constantino Median Lima, Guadalupe García Quintana, Magdalena A. García Sánchez, Elia Rocío Hernández, María Elena Marauri, Enrique Nieto Estrada y Mercedes Ortega y Zazil Sandoval, Vidas y bienes olvidados. Testamentos indígenas novohispanos, México, CIESAS-CONACyT, 1999-2000, 3 volúmenes, estos volúmenes contienen el mayor número de testamentos en nahuatl editados hasta el momento, ya que se trata de 161 testamentos indígenas elaborados entre el siglo XVI y XVII.

14 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados...,Vol. 1, p.25.

15 Stephanie Wood, ?Testaments and Títulos: Conflict and Coincidence of Cacique and Community Interests in Central México?, pp.85-111, en: Susan Kellogg y Matthew Restall, Dead Giveaways. Indigenous Testamentes of Colonial Mesoamerica and the Andes, Salt Lake City, The University of Utah Press, 1998.

16 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados...,Vol. 2, p.102.

17 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados....p.104

18 Ibidem.

19 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados..., p.196 y p.266.

20 Ibidem.

21 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados.... Vol. 1, pp.121-123.

22 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados..,. Vol.1, pp.150-151.

23 Alfonso Caso, El tesoro de Monte Albán, México, INAH-SEP, 1969, p.111

24 Ibidem, pp. 109-110.

25 James Lockhart, The Nahuas...

26 Teresa Rojas et.al., Vida y bienes olvidados..., Vol. 2, p.190.









Nombre

5 %
Totoquihuaztli 94 %




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